Lucecita
Para quienes no lo saben todavía, antes de decidirme a construir esta página escribí un "blog" sobre el lugar en el que trabajo (un noticiario de televisión). Empecé como pasante de prensa, hoy soy "redactor" de noticias. El blog se llama "Un minuto y medio" y en él escribí mis primeras impresiones sobre el periodismo en televisión (por decirlo de alguna manera). Cuando lo finalicé pensé que, tal vez, retomaría la idea de escribir de nuevo sobre el tema algún día, pero no pensé que lo haría tan pronto.
En el lugar en donde trabajo hay una "niña grande" a la que le gusta pasar su tiempo con nosotros. La llamamos "luz de pueblo" porque viene y va de modo impredecible (y a veces en los momentos en que más se le necesita). Ella juega a tener un papá y una mamá en la oficina de trabajo. Archiva documentos, te pide que le enseñes a "hacer las cosas" y brinca de frustración cuando no logra los pequeños retos que se le presentan a diario. Debo confesar que me hace sonreir.
"Lucecita ¿Ya guardaste la Gaceta?", se oye decir en la oficina "Ya voy, ya voy, ya voy..." y se va con la Gaceta, las carpetas y el abrehuecos. Cuando regresa, ya ha pasado más de media hora. En el camino de las noticias se distrae con sonrisas, a veces se apena de sí misma, a veces dice mucho porque está callada, conversa con las secretarias y se asusta cuando le das una tarea "importante".
En una oficina de noticias de televisión no puede irse la luz. Ése es un problema para ella. Lucecita, me recuerdas a mí mismo años atrás. Me recuerdas las palabras que mi madre recitaba: "Estudia, trabaja y descansa".
Paso a paso Lucecita llegarás, no te apures ni te atrases. A ti dedico las palabras de un poema que no escribí. Un poema que mi madre me recitó cuando niño tantas veces que llegué a memorizarlo. Hoy soy yo quien lo recita para ti. Lucecita: estudia, trabaja...
Acuario.-
Caracas, 15 de enero de 2007
![]()
Estudia
Es puerta de luz un libro abierto: entra por ella, niño, y de seguro que para ti serán en lo fututo Dios más visible, su poder más cierto.
El ignorante vive en el desierto donde es el agua poca, el aire impuro; un grano le detiene el pie inseguro; camina tropezando; ¡vive muerto!
En ese de tu edad abril florido, recibe el corazón las impresiones como la cera el toque de las manos:
Estudia y no serás cuando crecido, ni el juguete vulgar de las pasiones, ni el esclavo servil de los tiranos.
Trabaja
Trabaja, joven, si cesar trabaja: la frente honrada que en sudor se moja, jamás ante otra frente se sonroja, ni se rinde servir a quien la ultraja.
Tarde la nieve de los años cuaja sobre quien lejos la indolencia arroja; su cuerpo al roble, por lo fuerte, enoja; su alma del mundo al lodazal no baja.
El pan que da el trabajo es más sabroso que la escondida miel que con empeño liba la abeja en el rosal frondoso.
Si comes ese pan serás tu dueño, mas si del ocio ruedas al abismo, todos serlo podrán, menos tú mismo.
Descansa
Ya es blanca tu cabeza, pobre anciano; tu cuerpo, cual espiga al torbellino, se dobla y rinde fácil; ya tu mano el amigo bordón del peregrino.
Maneja sin compás, y el aire sano es a tu enfermo corazón mezquino. Deja la alforja, ve, ¡descansa ufano en la sombreada orilla del camino!
Descansa, sí, mas como el sol se acuesta, viajero como tú, sobre el ocaso, y al astro que le sigue un rayo presta.
Abre así con amor tus labios viejos y alumbra al joven que te sigue el paso ¡con la bendita luz de tus consejos!
Elías Calixto Pompa.-