“Incluso ahora no sé, exactamente, lo que en mí es mío y qué parte he sacado de los libros.”
Anónimo (extraído del libro “Pregúntale a Alicia”).-
El lector compulsivo
PREGÚNTALE A ALICIA
Desde aproximadamente los 12 años de edad he estado escuchando sobre este libro. Mi madre suele mencionarlo cada vez que habla sobre las drogas. Siempre me comentó que se trataba de una historia muy triste, sobre una niña que cae en el mundo de los estupefacientes y psicotrópicos y que, a pesar del amor de su familia, no sabe cómo escapar de ellos.
Lo mejor… y lo peor de este libro es que se trata de una historia real. Es como leer el Diario de Ana Frank, pero esta vez no se trata de una niña que escapa del holocausto nazzi, sino de una joven que todavía podría existir. Aunque esta historia fue escrita en los años sesenta, bien podría estarse escribiendo en este mismo instante.
Alicia es una chica normal… de hecho, hasta cierto punto es una chica que me agradó mucho. Le gusta leer, es soñadora, sensible (tal vez demasiado sensible), algo tímida y llena de vida. Pero su vida se altera cuando del modo más inocente del mundo se sumerge en experiencias que no estaba buscando voluntariamente.
Desde ya se los advierto (y si quieren pueden dejar de leer estas letras): es una historia triste.
Pasaba por una librería cuando lo vi de reojo y supe instantáneamente que me arrepentiría si no lo compraba de inmediato. Ayer al llegar a mi casa lo comencé a leer y hoy me lo he terminado. Es una larga historia escrita en páginas breves, se lee rápido, del mismo modo en que nuestros ojos recorrerían las letras de una quinceañera que revela sus secretos más íntimos a su único amigo verdadero: su diario, las hojas en blanco que aceptan su historia sin juzgarla por ello.
Me gusta pensar que gracias a Alicia, muchos chicos han conocido el incierto camino de las drogas y han decidido no recorrerlo, pues quienes leímos las palabras de esta chica, hemos vivido su vida sin transitar la decadente senda a la que conducen los psicotrópicos cuando se pierde el control de la propia voluntad.
Donde sea que esté Alicia (o sus familiares), quiero darles las gracias por haber tenido el coraje de publicar su historia.
Las palabras que Alicia plasmó en su diario jamás recibirán un premio de literatura ni serán reconocidas en la Real Academia por su arte o su belleza… sin embargo, nadie será capaz tampoco de negar su valor, pues en ellas hay lo que todos los grandes autores aspiran escribir: Una historia llena de verdades.
El libro inicia cuando esta niña cumple sus 15 años y comienza a llevar un diario de su vida y finaliza (repito: Pueden dejar de leer si no quieren conocer el final de la historia) cuando ella decide que ya está muy adulta como para seguir plasmando sus intimidades en él. En la última página, el epílogo nos revela que Alicia murió tres semanas después de haber dejado de escribir. Al parecer se trató de una sobredosis… en lo personal tengo mis dudas. Nadie me quita de la mente que si Alicia hubiera seguido escribiendo, aún estaría viva… (supongo que algo así podría pasarme… escribir es también un modo de mantenerte vivo cuando parece no haber motivos para ello).
Jamás dejaré de escribir.
Es la primera historia triste que recomiendo en verdad. Léanla… vale la pena.
El lector compulsivo.-
Caracas, 02 de abril de 2009.-