“El fruto del silencio es la oración. El fruto de la oración es la fe. El fruto de la fe es el amor. El fruto del amor es el servicio. El fruto del servicio es la paz.”
Madre Teresa de Calcuta.-
El lector compulsivo
Y DE REPENTE UN ÁNGEL
¡Adoro este libro!
“Y de repente un ángel” fue, para mí, una de esas extrañas experiencias en donde uno se lee 244 páginas de un solo jalón. Recuerdo que paseaba por una librería en Maracay (¡cosa rara tratándose de mí!) cuando me llamó la atención. No había escuchado hablar de esta historia, no había leído sobre ella, ni mucho menos me la habían recomendado. Tras ojearla brevemente, decidí que me podía permitir gastar lo que costaba, para leerla con calma.
Corría el año 2006, yo estaba recién empezando a trabajar en la misma empresa en que sigo laborando desde entonces y lo empecé un día feriado, 24 de junio, a las ocho de la mañana para matar la ociosidad. El resultado fue que a las ocho de la noche del mismo día, estaba guardando el libro tras haberlo devorado… ¿Qué tenía este libro como para comérselo de una sola sentada?… Bueno, son varios los motivos….
“Y de repente un ángel” es la historia de un joven con el que me sentí muy identificado desde las primeras líneas. Se trata de Julián, un escritor que vive solo, en un hogar lleno de polvo y desordenado y que un día decide contratar una mucama para que mantenga las cosas un pocos más aseadas. Y aquí es donde la historia se pone divertida. Julián contrata a Mercedes, quien resulta ser una señora un poco entrada en años y que despierta un lado afectivo que el protagonista ni siquiera mostraba con su novia.
Supuestamente Mercedes entra en la vida de Julián para “servirlo”, pero es Julián quien termina sirviendo a Mercedes a raíz del afecto que la viejita le va ganando. El joven escritor la lleva a arreglar los dientes y no descansa hasta encontrar a la supuesta madre perdida de ésta (quien resulta ser una vieja medio loca y muy divertida). En el proceso de la búsqueda, Julián examina la relación con su padre, de quien se mantiene distanciado desde hace años.
Una historia que, si bien no suena fantástica, es buenísima. De pana… de lo mejor que he leído.
Tal vez el rasgo más característico de esta novela es su manejo del humor y del drama. No les miento, uno está a punto de llorar en una página y tres páginas después es imposible reprimir una carcajada. Jaime Bayly saca el máximo provecho del estereotipo de la “mujer de servicio” latinoamericana que es noble, inculta y sencilla (amén de otros personajes tipiquísimos de la zona). Cargada de nuevo con la musicalidad del acento peruano y llena de anécdotas que sólo podrían ocurrir en este lado del mundo.
No dejen de leerla si tienen la oportunidad.
El lector compulsivo.-
Caracas, 10 de setiembre de 2008.-