"La historia es un incesante volver a empezar."
Tucídides (460 AC-396 AC) Historiador ateniense.-
¿Cuál es el momento más difícil de tu vida?

"Se escribe con la puerta cerrada, se reescribe con la puerta abierta"
Stephen King.-
El momento más difícil de mi vida se repite a diario. Ocurre (por lo general) durante las primeras horas de la mañana. Surge cuando estoy allí, tendido en la cama. Suena el despertador, lo apago sin abrir los ojos y abrazo de nuevo mi almohada pequeña (la misma que me acompaña desde los 2 años de edad). Suena luego el segundo despertador. Lo vuelvo a apagar y entonces comienzo a salir de ese mundo que me aleja de la mal llamada realidad.
El momento más difícil es ése. El despertar.
No me refiero a despertar como una metáfora de una sola ocasión, sino a la incesante repetición de cada día. Cada vez que abro los ojos después de un sueño me enfrento al mismo problema. Así ha sido desde hace tanto tiempo que ya ni sé cuando empezó.
Antes el problema consistía en si debía levantarme o no. Hoy puedo decir que existe un matiz distinto en el planteamiento. Hoy el problema consiste en el "cómo" he de levantarme (al fin doy por sentado que DEBO levantarme; y quiero hacerlo). Sin embargo, hay una gran diferencia entre hacerlo de la manera correcta y lo contrario.
Cada día me enfrento a una vida que no vislumbro claramente en el horizonte, pero que sé que está ahí. Como si la vida fuera una autopista y el vidrio por el que la veo se empaña por la lluvia y los demás autos que no me dejan ver el camino la mayor parte del tiempo.
Si decido (consciente o inconscientemente) tomarme un café en la mañana, desayunar bien y salir planificando las rutas alternas que debo tomar si el camino se pone muy engorroso, o la música que voy a escuchar si no tengo más remedio que esperar en una tranca; el panorama es radicalmente distinto a las veces que salgo apurado por haber dormido más de lo que debo, sin comida en el estómago por la flojera que me da cocinar y por lo poco que he logrado dormir pensando en mil "pendejadas".
Últimamente las más de las veces he salido apurado. Con el día a día parece que no valen la pena esos 15 minutos extra de planificación, esas paradas para revisar los cauchos y disfrutar del paisaje. Pero todos sabemos que la meta no es llegar, sino disfrutar el camino. Lo que se me hace más difícil es tomar conciencia de ello y terminar de asimilarlo.
Por lo menos hoy hay algo que puedo afirmar: Esta vez soy yo quien maneja el auto.
Acuario Escritor.-
Caracas, 30 de marzo de 2007.-