"Todo el que disfruta cree que lo que importa del árbol es el fruto, cuando en realidad es la semilla. He aquí la diferencia entre los que creen y los que disfrutan".
Friedrich Nietzsche.-
Quiero creer
¿Me creerían si les dijera que una vez vi un extraterrestre? ¡Es en serio! (Lo vi mirándome en el espejo).
¿Me creerían si les dijera que en una ocasión pude volar? ¡Es en serio! Me elevé del piso sin apoyarme en nada (y sólo tenía 6 años de edad).
¿Me creerían que una vez tuve el valor de lanzarme desde un avión en movimiento a más de mil pies de altura sin saber si se abriría el paracaídas que tenía en la espalda? ¡Es en serio! Ni siquiera sabía que era un paracaídas lo que tenía amarrado detrás de mí (pensé que podía ser un yunque por lo mucho que pesaba).
¿Me creerían si les dijera que nací con el poder de la telepatía? ¡Es en serio! (puedo saber lo que están pensando mientras leen estas líneas).
¿Me creerían que una vez hablé con el espíritu de una persona que murió físicamente? ¡Es en serio! Él aún no sabía que estaba muerto, sencillamente se me apareció y nos pusimos a hablar sobre música (me reclamó que nunca le llevé un disco de su grupo de rock favorito que le había prometido).
. ¿Me creerían que conozco una caverna profunda, húmeda y oscura en donde todas las paredes están hechas por libros que todavía no han sido escritos? ¡Es en serio! (la mayoría de los libros de esa caverna son de mi autoría... por eso es que aún no han sido escritos).
¿Me creerían que una vez besé a un chica? No me refiero a un simple beso. No. Me refiero a un beso de verdad. De esos que son imposibles de describir con nuestro limitado lenguage humano. Un beso de esos que te hacen vivir una eternidad en un segundo. De los que te permiten comprender todos los misterios de la vida ¡Es en serio! Hasta pude ser capaz de entender el modo de pensar de las mujeres después de aquella experiencia (aunque el efecto duró sólo unos pocos días, lo confieso).
¿Me creerían que una vez pude ver el rostro de Dios y hablé con él? ¡Es en serio! Cuando hablé con él, decubrí que necesitaba afeitarse (su barba tenía más de 2000 mil años de antiguedad).
¿Me creerían si les dijera que viví durante siete meses en la casita de un árbol en donde conocí a una niña pecosa que jamás aprendió a sonreír, a un prícipe sin reino, a un guerrero moro que huyó de sangrientos combates buscando la paz, a una princesa dedicada a los libros y a un enano de cabello largo que quería ser estrella de rock? ¡Es en serio! La casita del árbol estaba siempre llena de música y las paredes que no estaban hechas de madera estaban hechas de libros de verdad (aprendí mucho en ese lugar... allí fue donde aterricé tras lanzarme del avión con el paracaídas).
¿Me creerían?
. Yo sé que ustedes sí lo harían. Pero los hombres vestidos de blanco que me llevan al cuarto acolchado no me creen nada. Están entrenados para creer únicamente que la camisa de fuerza es lo único en lo que vale la pena creer. Y por eso es que me he mantenido lejos de sus garras. No quiero volver al cuarto acolchado. Esos tipos casi lograron lavarme el cerebro haciéndome pensar que todo lo anterior eran sólo inventos de mi mente... ¡Ja!... Como si pudiera existir algo en este mundo que no fuera un invento de mi mente.
Ya me cansé de intentar pensar en mis recuerdos como si se trataran de puras mentiras ¡Quiero creer!
Acuario.-
Maracay, 03 de febrero de 2007.-