10/18/2008 (10:16 am)

Doom 3

Fecha original de publicación: 20 de junio de 2007

Llegué a la ciudad marciana sin decir muchas palabras. Después de un breve recorrido por las instalaciones (abundantes en acero y más parecidas a un cuartel de guerra que a una casa), me dieron mis armas y mi armadura de blindaje. Entonces ocurrió el accidente… la pesadilla, comenzó.
Todos las personas de la base se convirtieron en mutantes que me atacaban. Monstruos sacados de otra dimensión, capaces de crear fuego del aire, salieron a mi encuentro. Incluso las arañas cobraron un tamaño sobrenatural mientras voces de ultratumba susurraban palabras ora ininteligibles, ora abrumadoramente claras: “Señoooooor, líbranosss del maaaaal…”

El llanto de los bebés fue lo peor. La visión de un recién nacido con los ojos en blanco y el cráneo fracturado que exhibía la gelatinosa masa cerebral de su cabecita, otrora inocente, me hizo temblar en repetidas ocasiones mientras me atacaba. La atmósfera de gases tóxicos no me hizo menos vulnerable ante ellos. Todavía tiemblo al recordar cuantas veces oprimí el gatillo contra sus pequeños cuerpos, mitad humanos, mitad robots, y cien por ciento monstrousidad.

Los científicos cometieron un error al crear el teletransportador (o tal vez así tenía que ser). Tras usarlo tres veces terminé en un limbo de suelo rojo y aire con olor a azufre. El hogar de los monstruos. El mismo infierno hecho suelo marciano.

- Ya es tarde Acuario. Mejor acuéstate a dormir que luego sales con una cara terrible para el trabajo.
- Vale, ya voy.

Hice unos cuantos “clics” y apagué la computadora. He terminado este juego dos veces y ahora le estoy dando la tecera vuelta. Sabrá Dios por qué me entretiene tanto.
Tras regresar del planeta Marte me internaron en una instalación psiquiátrica. Jamá he podido volver a dormir con la luz apagada, ni he sido capaz de volver a caminar de noche por pasillos largos sin estar acompañado. Los monstruos tenían la mala manía de aparecer en la oscuridad. Y de atacar por la espalda.
Me voy a dormir. Buenas noches.

10/07/2008 (6:16 am)

La luz del cambio…

Archivado en: Divagando, Fantasía, Frases, Sobre cine |

“La sombra no existe; lo que tú llamas sombra es la luz que no ves.”
Henri Barbusse (1873-1935) Novelista francés.


Cuando el mundo cambia radicalmente, me quedo como hiptonizado contemplando el fenómeno.  De chico solía pensar (sin decírselo a nadie) que aquello se trataba de magia.  Algo así no podía tener otro origen…  ¿De qué otro modo podría hallar una explicación razonable para las pinceladas de naranja, rojo, amarillo y azul esparcidas en una bóveda infinita sobre mi cabeza?… magia… Sin embargo, sabía que no me entenderían si me atrevía a compartir mi convicción (por eso me quedaba callado).

Cuando dejé de parecer un niño físicamente, muchas cosas comenzaron a ser diferentes.  Pero aquel cambio en el firmamento permaneció constante como siempre ha sido… Un día lo descubrí a la orilla del mar, y fue como si lo viera de nuevo por primera vez.  El viento me acariciaba el cabello con arena bajo mis pies y las pinceladas tuvieron una tonalidad tan intensa como los reflejos del sol en el océano.  Un espectáculo mayor al circo del sol o a la última película en cartelera… y estaba allí, completamente gratuito frente a mí, mientras los demás apenas se daban cuenta.  Desde entonces pensé que aquella transición era tan magnífica, que la misma muerte debe ser así.  Un cambio radical, suave y natural de la luz a la oscuridad, lleno de colores intensos cuando ocurre… y me hice adicto a ese pensamiento.

Amé el espectáculo con tal intensidad que aprendí a no aferrarme a él… y a llevarlo conmigo todos los días de mi vida.

Recuerdo especialmente los episodios en donde la transición me acompañó manejando en la autopista o la carretera… la sensación de viajar junto a la luz que se extinguía, me parecía una parte inevitable de mi propia existencia.

Hoy estoy en la casa que me vio crecer y… con los pies aún descalzos y algo de frío en mis hombros vi de nuevo el cambio en la terraza de mi hogar.  La oscuridad se tiñó primero de un tono azul violeta y luego comenzaron a aparecer las pinceladas.  Cuando se está sentado en esa contemplación… o incluso para cualquiera que esté ocupado en otra cosa, todo pareciera ser estático, pero no hay que engañarse, las cosas cambian… y en menos tiempo de lo que uno piensa el cielo entero se tiñe de claros colores y la luz es sentida por todos los seres.  Las aves lo manifiestan con su trinar y las sombras (que no desaparecen) se transforman o se desplazan a otro lugar.  El mundo no es el mismo de hace pocas horas… y volverá a cambiar. Como cada vez que aparece una nueva vida…

Solía ser adicto a los atardeceres… hoy me gusta más el amanecer.  Ambos se parecen mucho, pero no son iguales… ni se repiten con exactitud jamás.

09/25/2008 (3:30 pm)

Un cuento que no escribí yo…

Archivado en: De otros autores, Fantasía |

“Cuando se habla de estar enamorado como un loco se exagera; en general, se está enamorado como un tonto.”
Noel Clarasó (1905-1985) Escritor español

Este cuento me encantó. Lo leí en la página de Marié y no aguanté las ganas de compartirlo con ustedes en este lugar. Supuestamente lo escribió un tal Walter Riso

Cuentan que una bella princesa estaba buscando consorte.
Aristócratas y adinerados señores habían llegado de todas partes para ofrecer sus maravillosos regalos. Joyas, tierras, ejércitos y tronos conformaban los obsequios para conquistar a tan especial criatura. Entre los candidatos se encontraba un joven plebeyo, (más…)

Entradas siguientes »