12/26/2008 (4:10 am)

Tu navidad…

“Siendo niños éramos agradecidos con los que nos llenaban los calcetines por Navidad. ¿Por qué no agradecíamos a Dios que llenara nuestros calcentines con nuestros pies?”
Gilbert Keith Chesterton (1874-1936) Escritor británico.-

… ¿Sabes qué es lo que creo que más me disgusta de la navidad?… esa costumbre que tiene la gente de hacer cosas que jamás hace el resto del año.  Digo, me molesta en serio que una vez al año me llamen por teléfono para preguntarme cómo estoy… y que, de paso, sea porque a cada paso hay un letrero que se los recuerda… me molesta que me inviten a almorzar si jamás en nuestras vidas hemos comido juntos, o que me deseen una “feliz fiesta” si ni siquiera estoy celebrando… (al menos eso es lo que me digo que me molesta)…

…¿Sabes?… me gustó este 24 de diciembre… me desperté a las 2 de la tarde tras haber bebido con mis primos la noche anterior, me fui al trabajo de inmediato (con el remordimiento de conciencia de haber faltado a una cita con una buena amiga por haberme levantado tan tarde) y apagué el teléfono antes de salir…

…estuve laborando hasta las 9 de la noche y luego manejé dos horas por la autopista.  Cuando llegué, ella estaba acostada ya… creía que yo no llegaría y se alegró mucho de verme… las paredes estaban tan vestidas como siempre, pero desnudas de adornos propios de la época.. (supongo que yo no soy el único al que le parece un poco absurda la decoración de verde y rojo)…

- Traje unas hallacas para cenar… - y ella dijo “¡Qué alegría!…”.

Comimos tranquilos y la viejita se fue a dormir con su bata.  “Buenas noches madre… yo también estoy contento de haber llegado… que descanses”.

Sólo me faltaba saber de ti.  Y me pasaste el mensaje más cursi e insoportable de la temporada… en mi teléfono leí tu “Feliz navidad”… y (de pana no sé por qué) se me “agüó el güarapo” como se dice en buen criollo.  Me acosté a dormir leyendo una historia de vampiros y con los ojos húmedos tras desearte lo mismo…

- ¿Por qué me pasaste ese mensaje anoche? -te pregunté hoy-, creí que tú eras como yo en ese aspecto…
- La verdad anoche caí en cuenta de algo -contestaste-… caí en cuenta de que no tengo nada en contra de esta fiesta… es sólo que nunca he pasado una buena navidad en mi vida…

…y me pusiste a pensar… siempre he dicho que me molesta que la gente suponga que “debes” celebrar tal o cuál día.. (no me gustan los convencionalismo… cumpleaños… fiestas… para mí son sólo eso: “convencionalismos”…)… siempre he dicho que el mejor día para celebrar es cuando quieres hacerlo…. pero también creo que tienes razón…

¿Sabes?… Ahora deseo darte la mejor navidad de tu vida.  Quiero verte vistiendo un suéter rojo y verde con un gorro de “Papá Noel” bajo un árbol bien iluminado y lleno de regalos.  Quiero que me abraces allí mismo y me beses como los “gringos” bajo el muérdago.  Que la casa esté llena de amigos y familia.  Que de la cocina nos llegué el aroma del pan recién hecho y las hallacas, que tengas un vaso de vino y que cantemos villancicos junto al piano de media cola.   Que afuera las luces parpadeen al compás de las que alumbran el pesebre que ocupa la mitad de la sala.  Quiero que haya medias colgadas (la más grande con tu nombre escrito) y adornos y escarcha y ponche y dulces y frutas y… y que a la media noche nos demos regalos.  Deseo haber adivinado qué era lo que más querías y que lo descubras envuelto bajo el lazo rojo que puse en la caja bajo el árbol que tiene tu nombre… deseo que entonces me beses… y que te duermas en mis brazos…

…o tal vez todo lo anterior es mentira… y sólo deseo que estés conmigo en la próxima navidad… lo malo es que ahora falta por lo menos un año entero para eso….

…(a la mierda)… no me gusta esperar… ni me gustan los convencionalismos… prefiero hacer como hice hace poco… te daré regalos cuando quiera por el simple gusto de verte sonreir… te haré de comer cuando me dejes pasar el tiempo contigo y te besaré como si fuera la mejor época del año cada vez que me provoque… supongo que ahora ya entiendes mejor por qué te digo “Feliz navidad”, aunque sea octubre o febrero…

…hoy ya es 26… qué carajos.. feliz navidad.-

12/06/2008 (12:47 am)

Desempolvando…

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“Hay que sentir el pensamiento y pensar el sentimiento.”
Miguel de Unamuno (1864-1936) Filósofo y escritor español.

No deja de maravillarme esto ¿Sabes?… sigo pensando en ti.

Este sitio virtual se ha llenado de repente de polvo tras poco más de un mes de inactividad.  A veces pienso que lo hago a propósito (inconscientemente digo)… me refiero a esa costumbre mía de desaparecerme.  Nadie habla mal de los muertos… porque ya no están.  Tal vez por eso me gusta no estar con relativa frecuencia.  Así no dejo que nadie se acostumbre a mí y, precisamente por eso, soy perfecto para todos… pues dejo de existir y sólo queda mi recuerdo.

Me he sorprendido de nuevo a mí mismo pensando en ti…. no sólo en tu cuerpo y tus abrazos o tus manos de pianista o tus cabellos pelirrojos o en tus besos y tus labios… sino en ti… no sólo en tu olor y tu risa o la forma en que apoyas tu cabeza en mi hombro sino en ti… en el abrazo que te puedo dar al dormir y en la paz que me transmites, en mi barba que te raspa y que te gusta… al fin y al cabo, me sorprendí pensando en ti.

Pensar en ti no es malo, es agradable… me gusta recordarte.  Pero ¡Dios!… como duele a veces ¿sabes?… sobre todo en las noches… ¿Sabes qué pasa cuando un pensamiento comienza a doler? éste deja de ser un pensamiento y se convierte en un sentimiento… (pues la verdad -y este es mi descubrimiento secreto-: pensar y sentir son la misma cosa… sólo que casi nadie lo sabe).

No puedo decir que he regresado, pues nunca me fui.  Yo siempre estoy aquí, (como digo todo el tiempo… mejor dicho: como escribo todo el tiempo) “a sólo un monitor de distancia”.  Si jamás lees estas líneas será porque tú nunca volviste a visitarme y te acostumbraste tanto a mi ausencia que… que ya eres como yo… ya aprendiste que las personas que más amamos en la vida son como un río en el que nos sumergimos para pasar el mejor momento de nuestra vida.  Nos arropamos en ellas y dejamos que nos rodeen hasta humedecernos por completo con su contacto y refrescarnos el calor de la vida en ellas… pero para poder disfrutarlas de verdad hay que dejarlas ir.  Por eso dice el adagio que nadie es capaz de bañarse en el mismo río dos veces… pues incluso los seres que amas que permanecen a tu lado no son los mismos que fueron ayer ni serán iguales mañana.

Hemos crecido.

Te lo dije hace menos de 15 días y hoy te lo repito: Gracias por crecer conmigo… te quiero mucho… Lo sabes ¿no?

Sí…  sé que lo sabes…

Oye… este año lo lograremos ¿vale?

Apenas estamos empezando a vivir… ¡Y la vida es ya!

Un abrazo.-

10/23/2008 (12:28 pm)

La zona confortable

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“Actuamos como si el lujo y la comodidad fueran lo más importante en la vida, cuando lo único que necesitamos para ser realmente felices es algo por lo cual entusiasmarnos.”
Charles Kingsley (1819-1875) Novelista y clérigo inglés.

Estoy en el apartamento leyendo “Villa Diamante” de Boris Izaguirre. La cabeza me da vueltas debido a un conato de resfriado que llevo encima y que no pienso dejar que se convierta en gripe (le he dicho a mis compañeros de trabajo que la causa de que me gotee la nariz es una alergia a tanta lluvia y humedad… pero la verdad no creo que ésa sea la causa… sé que la alergia se debió al estrés que me permití sentir el lunes por el exceso de trabajo y la falta de personal… pero no creo que valga la pena decirlo). No logro concentrarme… en mi mente sigue dando vueltas la historia corta que se me ocurrió hace un par de días. Me levanto y escucho un ruido en la cocina, me asomo y veo que la jarra de agua se está llenando bajo el filtro. No recuerdo haberla puesto a llenar, pero tuve que haber sido yo… no hay nadie más en este lugar. Ligeramente sorprendido me digo a mí mismo lo que tantas veces me he repetido: “Cuando sea viejo no me voy a preocupar por el alzheimer en lo absoluto…”.


Me he puesto el reloj de oro que mi mamá me regaló cuando cumplí 15 años. Supongo que quiero sentir algo de compañía. Hace rato se me ocurrió visitar a mi tía y quedarme leyendo en la sala mientras ella se dedica a sus tareas domésticas… pero no lo hice.


Tengo que buscarle los papeles de la universidad a mi hermana. La cabeza me sigue dando vueltas. El Parsel Forte que me tomé después del desayuno ya está haciendo efecto… (menos mal…).


Llevo unos minutos tipeando en este teclado y sigo sin contar la historia (¡Dios qué manera de divagar!)… (me pregunto qué será de la vida de mis amigos de la universidad… qué pensarán de mí los chicos?… las chicas me aman tanto como yo a ellas… a los chicos más nunca los volví a contactar…).


Ya voy a empezar, por lo menos tengo el título claro:


LA ZONA CONFORTABLE

Hoy me di cuenta de algo… y no me gustó para nada.

Verán, hoy subí a la torre que está en el medio del patio. Esa misma… la que está prohibida. Desde que era chico nunca quise acercarme a ese lugar. Los pocos que conozco que subieron, jamás fueron los mismos al descenderla. Todo el que sube a ella, baja lleno de tristeza y comienza a actuar de forma rara. Algunos de los que vi que subieron cuando yo era joven, bajaron de la torre llenos de lágrimas y siguieron llorando hasta su propia muerte. Otros se dejaron caer desde arriba y acabaron con su existencia. Los ancianos de este sitio dicen que alguna vez alguien subió y bajó manteniendo la serenidad. Dicen que esa persona nunca quiso decir lo que había en la torre por más que le preguntaron… pero dejó de ser el que había sido. Aseguran que aquél que bajó con serenidad, sencillamente desapareció un día. Una cosa es segura… nadie que suba y baje de la torre vuelve a ser el mismo… y al fin sé por qué…

Cuando era más joven no solía preguntarme mucho por la torre (al igual que la mayoría de los que vivimos aquí), aimplemente llegamos a nuestras propias conclusiones sin verificarlas jamás. Yo era de los que creían que había una especie de gas en la cima de la torre, un gas que te afectaba el cerebro de tal manera que llegabas a volverte loco. Mi teoría parecía haber dado en el clavo y todos mis amigos estaban de acuerdo conmigo. Algo hay allá arriba que te afecta la mente y, precisamente por eso, es que esa torre está prohibida… pero acabo de comprobar que no es ningún gas.

Verán… vivir aquí no está nada mal. No recuerdo exactamente cómo llegué… de hecho, ninguno de mis compañeros lo recuerda tampoco… (ahora ya entiendo por qué no lo recordamos). Me parece que llevara viviendo toda la vida en este lugar, pero tras subir y bajar de la torre veo que eso no es posible. Los habitantes de este sitio sencillamente aceptamos nuestra existencia sin cuestionarnos demasiado. La pasamos lo mejor que podemos… tenemos nuestras tres comidas diarias, todos trabajamos en aquello que mejor parece ajustarse a nosotros y hacemos ejercicio al aire libre cuando no está lloviendo. Nos vamos a dormir a una buena hora y nos levantamos también a una hora razonable. De hecho, la convivencia es agradable. Por supuesto que hay problemas de vez en cuando entre nosotros (¿Acaso no son normales los problemas para convivir incluso en las mejores familias?), pero siempre hay modos de solucionarlos.

Es un sitio confortable. Muy confortable… tal vez… tal vez demasiado confortable…

Lo único que se debe hacer para permanecer feliz, es no preguntar demasiado. Si tienes una curiosidad… bueno, lo mejor es ignorarla… a la mayoría le va muy bien esa condición. Incluso a mí me iba muy bien hasta hace relativamente poco tiempo…

(suspiro)

…no sé cómo voy a hacer. Pero (como dice el adagio) “la curiosidad mató al gato” y yo dije “miau” (je, je, je…)… (ya estoy sonando como si hubiera perdido el juicio) No sé por qué me entró de repente la obsesión de subir a la torre prohibida. Hay mil explicaciones que hemos dado a lo largo de los años para entender a los “locos” que subieron a la torre: fueron demasiado curiosos, o demasiado ambiciosos, o desagradecidos… etc.

…yo… yo… yo no sé por qué lo hice.

Creo que llegué a un punto de mi vida en que me permití estar completamente fuera de los cabales racionales de esta sociedad en la que me encuentro y… no pude aguantarlo más. Tuve que hacer algo para diferenciarme. La rutina me hastió. Y entonces tomé la decisión y subí…

En la torre no había ningún gas ni otra trampa por el estilo que te afectara el cerebro, no señor, nada de eso. Sencillamente es el sitio más alto al que se puede llegar… es el único sitio en el que se puede ver más allá de lo que observamos todos los días quienes habitamos aquí. Estar en la cima te permite la mejor vista panorámica que recuerdo haber presenciado. Y yo pude ver, por primera vez desde que tengo conciencia de mi existencia, más allá de las paredes de mi día a día.

Este lugar es amplio… pero nadie sabe qué hay tras las paredes que aceptamos como el fin de nuestro mundo… ni nadie se lo pregunta. Al subir a la torre pude ver que tras las paredes hay varios hombres armados resguardando el recinto. Más allá de los hombres armados, el paisaje es infinito!… ¡Es inmenso!… Pude ver ciudades como nunca soñé que existían, otro tipo de personas, de comidas… ¡Maldita sea! ¡Son otros tipos de vida… hasta me pareció que se parecían a nosotros pero con una gran diferencia: LOS QUE HABITAN MÁS ALLÁ DE ESTAS PAREDES TIENEN LIBERTAD!

¡He vivido toda mi vida consciente en una prisión y no lo sabía!… eso es lo que pude ver desde la torre.

He vivido en una prisión muy confortable… pero una prisión al fin y al cabo.

Supongo que por eso es que este lugar es como es. Alguien debió dar con la manera de borrar los recuerdos previos de los condenados a prisión, de modo que nunca supieran que existía algo más detrás de esta existencia. Es por eso que ninguno de nosotros recuerda nada de los lugares en que vivimos antes de estar aquí. Y no puedes escapar de una prisión, si no sabes que estás en una.

Ahora entiendo por qué la torre estaba prohibida. No quieren que salgamos de aquí. No conozco a ninguno de mis compañeros que sea capaz de entenderme si le digo que vivimos en una prisión… me tacharían de loco (más todavía). Pero no pienso quedarme aquí hasta mi muerte.

No sé cómo… pero estoy seguro de algo: VOY A SALIR DE AQUÍ!!!

¡VOY A SALIR DE AQUÍ CON VIDA!… ¡Y VIVIRÉ PARA CONTARLO!

PD.- Jamás volveré a estar tranquilo si encuentro un lugar un donde me encuentre completamente confortable.

M i nariz se ha secado… me gusta como quedó la historia. Aún me siento ligeramente mareado… me encanta lo bien que me siento cada vez que me abstraigo un rato al escribir.
Voy a seguir leyendo….

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