10/07/2008 (6:16 am)
La luz del cambio…
“La sombra no existe; lo que tú llamas sombra es la luz que no ves.”
Henri Barbusse (1873-1935) Novelista francés.
Cuando el mundo cambia radicalmente, me quedo como hiptonizado contemplando el fenómeno. De chico solía pensar (sin decírselo a nadie) que aquello se trataba de magia. Algo así no podía tener otro origen… ¿De qué otro modo podría hallar una explicación razonable para las pinceladas de naranja, rojo, amarillo y azul esparcidas en una bóveda infinita sobre mi cabeza?… magia… Sin embargo, sabía que no me entenderían si me atrevía a compartir mi convicción (por eso me quedaba callado).
Cuando dejé de parecer un niño físicamente, muchas cosas comenzaron a ser diferentes. Pero aquel cambio en el firmamento permaneció constante como siempre ha sido… Un día lo descubrí a la orilla del mar, y fue como si lo viera de nuevo por primera vez. El viento me acariciaba el cabello con arena bajo mis pies y las pinceladas tuvieron una tonalidad tan intensa como los reflejos del sol en el océano. Un espectáculo mayor al circo del sol o a la última película en cartelera… y estaba allí, completamente gratuito frente a mí, mientras los demás apenas se daban cuenta. Desde entonces pensé que aquella transición era tan magnífica, que la misma muerte debe ser así. Un cambio radical, suave y natural de la luz a la oscuridad, lleno de colores intensos cuando ocurre… y me hice adicto a ese pensamiento.
Amé el espectáculo con tal intensidad que aprendí a no aferrarme a él… y a llevarlo conmigo todos los días de mi vida.
Recuerdo especialmente los episodios en donde la transición me acompañó manejando en la autopista o la carretera… la sensación de viajar junto a la luz que se extinguía, me parecía una parte inevitable de mi propia existencia.
Hoy estoy en la casa que me vio crecer y… con los pies aún descalzos y algo de frío en mis hombros vi de nuevo el cambio en la terraza de mi hogar. La oscuridad se tiñó primero de un tono azul violeta y luego comenzaron a aparecer las pinceladas. Cuando se está sentado en esa contemplación… o incluso para cualquiera que esté ocupado en otra cosa, todo pareciera ser estático, pero no hay que engañarse, las cosas cambian… y en menos tiempo de lo que uno piensa el cielo entero se tiñe de claros colores y la luz es sentida por todos los seres. Las aves lo manifiestan con su trinar y las sombras (que no desaparecen) se transforman o se desplazan a otro lugar. El mundo no es el mismo de hace pocas horas… y volverá a cambiar. Como cada vez que aparece una nueva vida…
Solía ser adicto a los atardeceres… hoy me gusta más el amanecer. Ambos se parecen mucho, pero no son iguales… ni se repiten con exactitud jamás.
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